Todas las clases

Clase 2 Bloque 1, El pecado en nosotros

El perdón de pecados antes de Cristo

«Sin derramamiento de sangre no hay perdón»
Hebreos 9:22

Lecturas Génesis 3:21 · Levítico 4 · Hebreos 9:14, 22 · Hebreos 10:10-14 · Juan 1:29 · Efesios 1:5-6

Objetivo

Al terminar la clase, el joven podrá explicar por qué el sacrificio de un inocente era necesario para el perdón, y reconocer en el cordero del Antiguo Testamento la figura que se cumple en Cristo.

Recuerda

En la pasada clase hablamos de nuestra condición como humanos de pecado por la desobediencia del primer hombre. La muerte entró a nuestras vidas. De manera que lo que merecíamos en ese entonces era muerte.

Expiación desde el principio — Génesis 3:21

Ahora, Dios en su eterna misericordia nos da una manera de expiar nuestros pecados. Hablo del principio.

“Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer y los vistió.”
Génesis 3:21

Esto lo hizo para ocultar la vergüenza del hombre, no solo su desnudez sino también su pecado.

Reflexionemos

Ahora tenemos que hacer una pausa y vayamos lentamente en esta parte que es extremadamente importante. Tengo varias preguntas que hacerles, teniendo en cuenta que son los primeros tiempos:

El sacrificio en la Ley

Ciertamente, nos podríamos preguntar por qué esto era así.

En el Antiguo Testamento, en el tiempo de la Ley (los Diez Mandamientos, Moisés), Jehová estableció una forma de perdonar los pecados del pueblo de Israel.

En Levítico 4 se dan instrucciones específicas al respecto que no abordaremos aquí por completo.

  • Si el pueblo pecaba,

  • El sacerdote era el que tenía que llevar y sacrificar un ternero o una cabra sin defecto alguno,

  • Y había que hacer diferentes cosas con la sangre del animal.

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay perdón.”
Hebreos 9:22

Todo esto les debería sonar a alguien…

¿Dónde encontramos esta misma figura o forma? ¡En JESÚS!

Y esto es muy importante que lo interioricen, entiendan y atesoren en su corazón. Probablemente es de las cosas más importantes que podemos enseñarles.

La Escritura, la Biblia, habla y expresa desde la primera letra de Génesis hasta la última de Apocalipsis la persona de Jesús, porque Él estuvo desde el principio hasta el final involucrado en todo. Y a través de esta, conocemos la persona y la obra de Cristo.

Volviendo a las preguntas iniciales

Un animal sin culpa, ni falta, ni defecto es matado para que a través de su sangre el pueblo fuera perdonado. Bueno, lo mismo aconteció con Jesús:

Él era justo, sin defecto, sin mancha. Fue matado y derramó su sangre para que tú y yo fuéramos perdonados delante del Padre.

“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
Juan 1:29

Cordero = Sacrificio en aquel tiempo.

Un Sumo Sacerdote que es también el sacrificio — Hebreos 9:14

También vemos que ya tenemos un Sumo Sacerdote que entró en el cielo: Jesús, el Hijo de Dios.

La justicia de Dios y su misericordia

Dios es Santo, perfecto y justo. Por causa de su justicia, Él debe condenar el pecado. De la misma forma en que en la tierra hay leyes que nos ordenan vivir de cierta manera para estar en orden con los demás, y en caso de que alguien rompa estas leyes se espera que se haga justicia, así también Dios.

Probablemente puedan pensar que es injusto que, sabiendo que nuestra condición humana nos impide hacer lo bueno, como vimos en Romanos 7 en la clase anterior, Dios nos juzgue por lo que somos: pecadores. Sin embargo, Dios, en su amor y misericordia, sabiendo que no hay nada que pueda llenar su estándar de justicia, nos dio la solución: su Hijo, el Cordero inmolado sin mancha.

Solo Cristo pudo ser el sacrificio perfecto y único que necesitó Dios para satisfacer su justicia. El sacrificio de Cristo pagó por completo el precio de nuestros pecados. Ya no es necesario que sea derramada sangre de cabritos como en la ley: Cristo basta.

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Hebreos 10:10–14

Esta es la justicia de Dios: si por el pecado de Adán entró el pecado en todos, también por el sacrificio de Cristo entró el perdón y la justificación para todo el que cree en Él. Cristo es nuestra justicia, y es la prueba de amor de Dios para con nosotros. Dios sabe que nada que nosotros hagamos podrá justificarnos delante de Él; por eso, en Cristo somos justificados y reconciliados con Dios.

En Cristo nos presentamos confiadamente delante de Dios, sabiendo que por sus méritos somos aceptados por Él y somos adoptados como hijos, siendo coherederos juntamente con Cristo.

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.”
Efesios 1:5–6

Para terminar

Preguntas para el grupo

  1. ¿Por qué el sistema de sacrificios de la Ley no era perfecto?

  2. ¿Qué cambia el que sea la sangre del Hijo de Dios y no la de un animal?

  3. ¿Qué significa que Cristo se ofreció «una vez para siempre»?

Conclusión

Este es el contexto al cual estábamos expuestos en el tiempo de la Ley, y que, si bien podía perdonar pecados, no era perfecto este sistema:

  • Dependía de un hombre que podía pecar igual que yo.

  • El acceso a la presencia de Dios era limitado.

  • Además, era la sangre de un animal.

Aquí ya estamos hablando de la sangre del mismo Hijo de Dios. Cristo hizo la obra perfecta y solo dependemos ahora de Él para ser perdonados.

Pasajes de apoyo

Textos bíblicos relacionados con el tema para leer y conversar durante la clase.

Levítico 4:3Para ampliar

Si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación.

Levítico 4:20Para ampliar

Y hará de este becerro como hizo con el becerro de la expiación; lo mismo hará de él; así hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón.

Hebreos 9:14Para ampliar

¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Es la clase más reciente. Cada domingo se suma una nueva.

Ver todas las clases
Conociendo a Jesús · Escuela dominicalUna clase nueva cada semana